Simón Rodríguez recibió con plenos poderes el encargo de educar a Simón Bolívar. Para ello Rodríguez insistió en abandonar la ciudad, trasladarse con su alumno a San Mateo y entrar en contacto con la naturaleza. Su método: enseñar la historia en forma de relatos. Su filosofía: entrar en contacto con el sentido común de las gentes y con la naturaleza. No emplearía textos dogmáticos: la vida es el más prodigioso libro y la tierra la mejor escuela. Su objeto: totalizar la identidad de hombre-pueblo-tierra. Para ello había que andar leguas y leguas, escalar montañas, contemplar el crepúsculo en la llanura, sorprender la alborada en el pico de los pájaros, aspirar el semen etéreo desprendido de los árboles y de las flores, nadar en los ríos, montar a caballo, convivir con los indios y los esclavos, compartir la carne ahumada con los llaneros y, en suma, aprender esa inter-relación que hay entre el ala del insecto y los astros, entre el viento cabalgando sobre las colinas y las formas que asumían las protuberancias de la tierra, que semejaban senos de una mujer atormentada. Después de lo anterior su alumno podía dedicarse a la lectura de los clásicos griegos y latinos, de los filósofos y pensadores de la Europa ilustrada, y estudiar la historia de los pueblos, incursionar en las matemáticas y elaborar su propio código de rebeldía para llevarlo a la práctica.
martes, 24 de marzo de 2009
El niño Simón había fatigado a sus tutores y maestros. José Miguel Sanz, abogado, fundador del colegio de abogados de Caracas y miembro de la Real Audiencia lo llamaba “barrilito de pólvora”. El padre Andujar –amigo de Humboldt y Bompland- contratado para dictarle clases de catecismo, y el padre Negrete, como instructor de gramática, apenas podían soportarlo. Guillermo Pelgrón –quien sería actor de la revolución del 19 de abril de 1810- lo aguantaba a duras penas en las clases de latín.
En la Campaña de Apure fue notoria los padecimientos, el hambre y la desnudez de ambos ejércitos producto de la falta de recursos existentes en Los Llanos. El Libertador usaba una gorra que los ingleses de La legión Británica miraban como de mala suerte. Un día en que la gorra cayó al agua en el río Arauca los legionarios lanzaron hurras porque a esa prenda la culpaban de sus infortunios.
En 1819 El Libertador no conocía personalmente a Sucre y subiendo el Orinoco se encuentra frente a el en una flechera.Bolívar pregunta: ¿Quién va en la flechera?“El general Sucre” Le contestan.“No hay tal General” responde Bolívar.Sucre tiene que explicarle que sus servicios le habían hecho merecedor del ascenso, pero si no era del agrado del General Bolívar no aceptaría el grado. El caraqueño presento excusas y desde ese momento una gran amistad los unió.
En 1808 Bolívar y Antonio Nicolás Briceño tienen un pleito por linderos de sus haciendas, Briceño no quiere que el héroe caraqueño abra un callejón entre las fincas Santa Gertrudis y La Fundación y el otro insiste en realizarla.
Un día los dos futuros revolucionarios se enfrentan en una pelea a puños. Briceño saca una pistola y el caraqueño rápidamente se le echa encima impidiéndole hacer uso del arma.
Los esclavos que los acompañan se acometen defendiendo a cada uno de sus señores. Un Proceso judicial largo sigue al duelo personal.
Un día los dos futuros revolucionarios se enfrentan en una pelea a puños. Briceño saca una pistola y el caraqueño rápidamente se le echa encima impidiéndole hacer uso del arma.
Los esclavos que los acompañan se acometen defendiendo a cada uno de sus señores. Un Proceso judicial largo sigue al duelo personal.
Un día acercándose Sucre a caballo a un grupo en que se encuentra El Libertador Simón Bolívar, su Edecán Florencio O´Leary le pregunta:
¿Quién es ese mal jinete que se no acerca?
Es, responde Bolívar, uno de los mejores oficiales del Ejército. Reúne los conocimientos profesionales de Soublette, el bondadoso carácter de Briceño, el talento de Santander y la actividad de Salom. Por extraño que parezca, no se le conoce ni se sospecha sus actitudes. Estoy resulto a sacarle a la luz, persuadido de que algún día me rivalizara.
¿Quién es ese mal jinete que se no acerca?
Es, responde Bolívar, uno de los mejores oficiales del Ejército. Reúne los conocimientos profesionales de Soublette, el bondadoso carácter de Briceño, el talento de Santander y la actividad de Salom. Por extraño que parezca, no se le conoce ni se sospecha sus actitudes. Estoy resulto a sacarle a la luz, persuadido de que algún día me rivalizara.
Simón Bolívar fue un muchacho indisciplinado y salvaje, por esta razón antes de la muerte de su madre queda a cargo del Licenciado José Sáenz, consejero familiar y manejador de las propiedades de los Bolívar. Dos anécdotas nos dibujan las relaciones entre el niño rebelde y el rígido caballero. Un día el licenciado Sáenz lo llamo barrilito de pólvora y Simón le respondió:
“Tenga cuidado, no se me acerque puedo estallar.”
Otro día mientras cabalgaban juntos, Sáenz en un caballo y Bolívar en burro, el Licenciado le dice:
“Me temo que usted nunca será un buen jinete.”
A lo que el niño le respondió:
“Como voy a ser un buen jinete, montando un burro demasiado débil para cargar leña.”
“Tenga cuidado, no se me acerque puedo estallar.”
Otro día mientras cabalgaban juntos, Sáenz en un caballo y Bolívar en burro, el Licenciado le dice:
“Me temo que usted nunca será un buen jinete.”
A lo que el niño le respondió:
“Como voy a ser un buen jinete, montando un burro demasiado débil para cargar leña.”
Estando Bolívar en Guiria existía un ambiente hostil en su contra, Mariño aconsejado por Bermúdez había realizado una campaña para desprestigiar. Decían que el caraqueño se llevaría la tropa para dejar la ciudad en manos del español Morales. Una muchedumbre se reúne frente a su alojamiento gritando en su contra. El Libertador decide enfrentarlos, con las manos en el bolsillo de su casaca con gesto adusto sale con paso firme.
La gente ante la sangre fría del héroe ruge y trata de abalanzarse sobre el. Hierve la ira en el héroe patriota y desenvaina la espada. Los que le atacan prevén que van a morir y retroceden. Bermúdez viendo esto también desenvaina su sable. Mariño se interpone ya que sabe que Bolívar mata a la primera estocada.
La gente ante la sangre fría del héroe ruge y trata de abalanzarse sobre el. Hierve la ira en el héroe patriota y desenvaina la espada. Los que le atacan prevén que van a morir y retroceden. Bermúdez viendo esto también desenvaina su sable. Mariño se interpone ya que sabe que Bolívar mata a la primera estocada.
En el año 1827 llega Bolívar a Venezuela, sus parientes salen a recibirlo, todos lo quieren abrazar y un hombre joven se queda rezagado. El Libertador lo reconoce es Bartolomé, hijo de su tío Feliciano Palacios, realista furibundo y contrario a la libertad de Venezuela de la Madre Patria. Sorprendido le pregunta: ¿Y mi tío Feliciano porque no vino? Turbado el joven no sabe que excusa dar. Dos horas después al encontrarse con el tío disidente este le dijo las siguientes palabras:
“Sobrino el tiempo dirá quien de los dos tiene la razón”
“Sobrino el tiempo dirá quien de los dos tiene la razón”
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